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La locura en la escuela

La locura del manicomio perteneciente a la esquizofrenia que menciona Carl Jung en su libro El contenido de la psicosis, me resuena directamente con la ‘locura’ en la escuela. Los niños manifiestan lo que sucede dentro de ellos a través de su oralidad y comportamientos. Con seguridad hay muchos docentes y directivos quienes observan y hacen algo al respecto; como hay miles que ignoran y dejan pasar por alto alertas que las mentes de nuestros estudiantes envían de manera inconsciente a modo de S.O.S.

“El caso más simple de esquizofrenia, es decir del desalojamiento de la personalidad, es la llamada paranoia, consiste en un simple desdoblamiento de la personalidad. En el primer momento […un] enfermo se nos presenta con una personalidad en apariencia completamente normal, quizá ocupa un lugar importante, sin que se sospeche de él, de repente [su] semblante jovial cambia […] mirada punzante, desconfianza, fanatismo inhumano y sin piedad”

Esta cita me parece que sirve de espejo para muchas situaciones que podemos estar presenciando y hasta originando como desencadenante en la escuela. Muchos niños están siendo educados sin que se observen sus comportamientos de manera apropiada, de modo que si se les observa podrían ocurrir dos cosas:

  1. Vemos al niño como el enfermo que describe Jung cuando se presenta con una “personalidad en apariencia completamente normal” cuando en realidad hay un uno o más conflictos a nivel interno esperando a romper el umbral entre el inconsciente y el consciente.
  2. Detectamos algo, decimos que está enfermo y necesita medicamento. De esta manera nos salimos de la ecuación creyendo que no podemos hacer nada en la escuela, como docente o administrativo. Esto ocurre porque no contamos con una visión profunda de la situación.

No se trata de que todos los docentes y administrativos sean expertos en el tema psicológico, pero sí se hace imprescindible una capacitación  que permita el acercamiento de temas que faciliten herramientas para identificar y guiar aunque sea en menor medida, cierto tipo de manifestaciones que de no ser acompañadas de manera sana, podrían tornarse en peores rasgos que detonen futuros desastres en el individuo y la escuela.

Esos comportamientos que vemos como errados en los estudiantes van más allá de lo que nuestros ojos ven, y al no saber del tema pasamos por alto grandes mensajes que podrían dar indicios de depresión, abusos o incluso de muerte: ¿acaso podremos considerar que aquellos estudiantes que aparecen en la escuela con armas, como si fueran Rambo, no forjaron ese perfil desde su niñez?

¿Y entonces si tiene que ver con algo que sucede más allá de lo que nuestros ojos ven, cómo puedo ayudar al niño?

Hay diversas formas y es importante que revises cuáles son tus fortalezas en cada área para que puedas brindar un acompañamiento completo. Detectar tus propias habilidades, fortalecerlas y ponerlas al servicio de los niños hace una gran diferencia. Puedes encontrar en este post más información al respecto. Además puedes hacer los siguientes ejercicios que aunque sencillos permiten indagar y ayudar al niño.

Observar: mirar la frecuencia en que el niño se comporta de determinada manera, en qué momentos detona y qué estrategias le ayudan a volver a la calma.

Registrar: esto da una mirada más objetiva y permite tener más claridad a la hora de analizar los sucesos. Permite recordar los avances y/o momentos de crisis más significativas, además del contexto en el que sucedió.

Comunicar: a directivos, padres y cuidadores. El niño se mueve en diferentes ambientes y es muy importante identificar de dónde está recogiendo esa información que lo detona. Luego de identificarlo quienes están directamente relacionados podrán brindar una ayuda más efectiva que si se parte de supuestos.

Estrategias: el dibujo, la escritura, la danza, el juego, el teatro, elaboración de mandalas y hasta la interpretación de sueños ayudan al niño a darle orden a la información que tiene a nivel mental y emocional. Observar sus gustos para proponer actividades que lo motiven es importante. A través de estos ejercicios podemos percibir datos arrojados en  nivel inconsciente y que esperan ser ordenados.

Todo lo que gira en torno a la educación es por su puesto un tema de escuela y familia. Siempre ha sido importante la relación entre ambos y para evitar que la “locura” siga creciendo en nuestros niños es importante seguir fortaleciendo los lazos entre ambos.Cuando un niño manifiesta comportamientos poco usuales la familia lo debe saber. Si la familia no hace nada, la escuela puede ofrecer medios, pero no ignorar.

La esquizofrenia de la que habla Jung en los hospitales la estamos trasladando a las escuelas. Desfila frente a nuestros ojos, nos guiña el ojo, nos levanta la ceja y la ignoramos o no la vemos: ¿serán los niños los únicos con déficit de atención?

Con la ayuda a UN niño le damos la mano a generaciones. Démonos el permiso de observar de manera atenta y sensata; de sentir lo que puede estar sintiendo el otro: utilicemos nuestros cinco sentidos+la intuición. Démonos el permiso de dudar si necesita ayuda antes de cerrarle la puerta a tal posibilidad, sobre todo cuando esos pequeños de menos de 10 año no saben cómo enfrentar lo que viven y están madurando cognitiva y psicológicamente para enfrentar las situaciones que se presenten en su vida adulta. Hablamos así de las etapas más importantes en la formación de un niño.

Evitemos que esa esquizofrenia de la que habla Jung, se incorpore en enfermedades mentales en la escuela, esto también es Educación.

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